TOSCO: EL ENEMIGO PRINCIPAL

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¿Agustín Tosco es un personaje del pasado o del futuro?

Nadie se ha detenido, nadie ha dicho me rindo;

a cada santo y seña tu multitud regresa,

con los puños en alto hacia la vida nueva,

y tu overol azul de patria en primavera.

Armando Tejada Gómez

El 5 de noviembre de 1975, perseguido por el gobierno de Isabel, enfermo y en clandestinidad,    fallecía Agustín Tosco.

Hablar del Gringo, lo mismo que hablar del Che,  resulta siempre movilizador y comprometido porque obliga a un esfuerzo superior al  mero ejercicio de  nostalgia setentista. ¿Agustín Tosco es un personaje del pasado o del futuro? Porque si bien los protagonistas de los principales acontecimientos de la historia son hijos de determinadas condiciones socio históricas, difícilmente reeditables, sólo un abordaje superficial puede confinarlos sin más en el pasado.

Hablar del Gringo, es hablar de un sindicalismo absolutamente entregado a la causa de la clase trabajadora, que es la causa de la lucha contra la explotación, por la liberación y el socialismo. Somos conscientes que hablar en tales términos pueda sonar anacrónico si nos atenemos a que el sindicalismo de hoy es abrumaduramente del signo contrario a la causa que defendió Tosco. Sin embargo estamos convencidos de que Tosco, era un hombre  del futuro. Constituía y constituye  el modelo del dirigente en quien  nos podemos mirar limpiamente, sin una sola mancha en su conducta.

Ya en 1973, luego del triunfo electoral del Frejuli, estaba claro que las masas trabajadoras y el pueblo en su conjunto habían alcanzado en la lucha antidictatorial de entonces una maduración política que las  ponía favorablemente  de cara a tareas impostergables de carácter antimonopólico y  antimperialista. Las clases dominantes supieron  verlo como casi siempre, con mayor claridad que nosotros. El objetivo de la patria socialista no era ya la bandera de pequeñas  vanguardias sino el patrimonio ascendente  de amplias masas con una valiosa  experiencia de lucha. Dirá  Agustín Tosco al respecto:  “El socialismo en Argentina tiene una raíz heterogénea. Hay compañeros que levantan en el peronismo al socialismo”; “la heterogeneidad de nuestro socialismo está en que tiene raíz peronista, marxista, cristiana, por el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que viene de distintos movimientos que lo levantan como bandera”. El enemigo principal no era la subversión ni las formaciones armadas, lo era esa clase trabajadora revolucionarizada.  Supieron las clases dominantes percibir la amenaza,  que sin ser inmediata, ponía en entredicho sus privilegios y su propia supervivencia. Y actuaron en consecuencia.

El duelo televisado entre el líder del Cordobazo y el secretario de la CGT, José Ignacio Rucci,  es la expresión de dos concepciones opuestas acerca del sindicalismo: una que levanta la democracia de las bases, la intervención permanente de los trabajadores en la dirección sindical; la otra de absoluta subordinación a la estructura burocrática y verticalista del aparato.

El antagonismo se expresó primero al interior del partido gobernante con Perón a la cabeza.  Luego de la masacre de Ezeiza la  respuesta en lo económico es  el Pacto Social  y en lo político  el “documento reservado” inmediatamente posterior al asesinato de Rucci,  que declara la guerra a la “infiltración marxista” no sólo en el partido sino en los distintos niveles del Estado, en el movimiento obrero, que el peronismo siempre consideró su exclusivo patrimonio, y en fin, en la sociedad toda.

 Entre sus consideraciones  citaremos algunos de los puntos del documento: 3. Ese estado de guerra que se nos impone, no puede ser eludido, y nos obliga no solamente a asumir nuestra defensa, sino también a atacar el enemigo en todos los frentes y con la mayor decisión. En ello va la vida del Movimiento y sus posibilidades de futuro, además de que en ello va la vida de sus dirigentes.

Las orientaciones y directivas que emanen del general Perón en el orden partidario o en función de gobierno, serán acatadas, difundidas y sostenidas sin vacilaciones ni discusiones de ninguna clase, y ello como auténtica expresión de la verticalidad que aceptamos los peronistas.

Inteligencia: En todos los distritos se organizará un sistema de inteligencia, al servicio de esta lucha, el que estará vinculado con el organismo central que se creará.

El documento llevaba la firma de Juan Domingo Perón

 Tosco, a la sazón dirigente de la CGT de los Argentinos de Córdoba y del sindicato local de Luz y Fuerza se opone  de entrada al Pacto Social: “Hemos señalado que el movimiento obrero y el pueblo están dispuestos a apoyar todo intento de profundización del gobierno popular, pero no a apoyar una política que intente la subordinación de la clase obrera (…) La lucha de clases continúa vigente y se agudiza, hoy no es posible meter en la cabeza de la gente la idea de concretar un pacto social y la conciliación de clases, porque la clase obrera y el pueblo, se están dando una política con contenido revolucionario, con contenido de clase”. Por cierto en la estrategia general de la lucha antimperialista que Tosco encarnaba como pocos, la unidad de los trabajadores,  de los sectores revolucionarios   y la lucha permanente contra la burocracia sindical   resultaban prioritarias.

 Como hoy, la burocracia sindical actuaba  como una losa para aplastar a la clase trabajadora, para disciplinarla y para ocluir su lucha independiente. Para ello trataba de envenenar la conciencia de los trabajadores con el maccartismo y la prepotencia. En marzo de 1975 el gobierno junto a la burocracia sindical de la UOM lanza el operativo represivo  “Serpiente Roja del Paraná” contra el complejo industrial de Villa Constitución donde los trabajadores habían elegido una conducción clasista encabezada por  Alberto Piccinini. Miles de uniformados, lanchas de Prefectura, helicópteros, blindados etc. despliegan todo su poder para aplastar un supuesto complot subversivo saqueando, secuestrando a delegados sindicales y sembrando el terror. No es el propósito de estas líneas abundar en los sucesos históricos que se precipitaron anunciando lo que vendría, sólo señalar algunos episodios que den al lector una noción de la gravedad de ese momento.

Las Fuerzas Armadas ya estaban tomando en sus manos la llamada lucha antisubversiva. La Orden de Operaciones Nº 3/75 señalaba que había que “revertir un estado psicosocial favorable al oponente.” Y el general Acdel Vilas en su Diario de Campaña apunta que “existe un objetivo de carácter político, el marxismo intenta consolidarse a través de la coincidencia de sus aspiraciones con las del pueblo”. Serían los propios militares quienes especificarían que la acción antisubversiva excedía largamente el aniquilamiento de las organizaciones armadas.

Una vez instalada en el poder la dictadura cívico militar, esa burocracia sindical continuaría su curso de descomposición total poniéndose al servicio de la represión, armando con los militares listas negras y entregando compañeros.

Por cierto, el neoliberalismo, en cuya aplicación se sucedieron el régimen militar y los gobiernos civiles, ha reorganizado la estructura económica del país y por consiguiente la organización  productiva por lo cual la clase trabajadora ha sufrido enormes transformaciones que no pueden abordarse con las ideas de aquel tiempo. Las estructuras sindicales más poderosas aseguran a las grandes patronales el disciplinamiento y subordinación de la clase trabajadora. Pero el pensamiento del Gringo sigue siendo un faro orientador de quienes no hemos arriado las banderas de la defensa de los intereses de la clase, de la democracia sindical, de la liberación y el socialismo. Su pensamiento y su acción iluminan la formación de nuevos cuadros del movimiento obrero. Somos conscientes que la identidad de clase pasa por su momento más complejo y difícil, pero también de que lejos de atenuarse las contradicciones del capitalismo  nos llevan invariablemente al camino de la lucha. Por eso ese pensamiento y esa acción siguen siendo indispensables y por eso Tosco sigue siendo un ejemplo para el futuro.

Luego del golpe de Estado en febrero de 1974 contra el gobierno cordobés de Obregón Cano y Atilio López conocido como el Navarrazo por haber sido encabezado por el jefe de policía con apoyo del presidente Perón, la situación en la provincia no dejó de deteriorarse. Intervenidos los sindicatos, atacados los partidos de izquierda con atentados dinamiteros, perseguidos y asesinados los dirigentes por la Triple A, Agustín Tosco debe pasar a la clandestinidad aunque no deja de redactar el boletín de su gremio, Electrum y de participar en todas las actividades que le es posible. Pero su salud se deteriora también y se agrava por la imposibilidad de ser atendido en los hospitales y clínicas de la provincia.

“Condenados a muerte estamos todos por la propia naturaleza de la vida. El problema es si llega antes o después y eso, si estamos en el cumplimiento de nuestro deber, en defensa de los grandes ideales del pueblo, no puede engendrar ningún tipo de temor”. “El hombre es dialéctico: se transforma todos los días, cualitativa y cuantitativamente. Hay un equilibrio que es la vida, que al suprimirse por distintas razones, se convierte en otra cosa y en un montón de cosas diferente.(…)Yo no me planteo como tendré que morir. Creo que mi fin será consecuente con mi lucha, no sé en qué circunstancia. Lo importante es morir con los ideales de uno. Ahora, no me gustaría morir habiendo traicionado a mi clase”. Agustín Tosco

Fuentes consultadas: Agustín Tosco. La clase revolucionaria- Nicolás Iñigo Carreras, María Isabel Grau, Analía Martí- Ediciones Amauta, Yulca y La Llamarada. 2014

http://www.lagazeta.com.ar/orden_reservada.htm

Ud. es comunista- Pablo Pozzi.

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