QUÉ ES EL GRAN RESETEO

20201106-Reseteo-economico

La tecnología nos proporciona herramientas poderosas pero no todas las soluciones son tecnológicas.

Enero 2021

La tecnología nos proporciona herramientas poderosas, pero no todas las soluciones son tecnológicas. Y el problema de externalizar decisiones clave sobre cómo «reimaginar» nuestros estados y ciudades a hombres como Bill Gates y Eric Schmidt es que se han pasado la vida demostrando la creencia de que no hay problema que la tecnología no pueda solucionar.

Naomi Klein

Promesas…

Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial, refería en una entrevista televisiva que nos encontramos frente a una oportunidad para repensar el mundo pospandemia en base a lo que denomina “el gran reinicio” o “el reseteo global”. Para él, son tres los tópicos que signan este proceso: “un mundo más resiliente”, “un mundo más justo”, “un mundo más verde”. Vaticina un futuro permanentemente asediado por nuevos virus y enfermedades que nos pondrán en situaciones como las que estamos transitando, a las que denomina “cisnes negros”. Para hacerle frente despliega la idea de un nuevo multilateralismo poniendo como ejemplo de cooperación el mecanismo COVAX (Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19), un fondo global de financiamiento impulsado por la OMS junto a GAVI (1) y CEPI (2) basado en asociaciones público-privadas para el desarrollo de una cartera de vacunas y su posterior adquisición por la mayoría de los países del globo. Por último, anticipa que la llegada de Biden a la Casa Blanca será un aliento a este esquema que remedie la no cooperación de la administración Trump. (3)

El Foro Económico Mundial se reúne periódicamente en Davos (Suiza) para definir e impulsar agendas globales, regionales e  industriales. Hace tiempo el tópico rector es avanzar de una gobernanza multilateral de estado a estado a una gobernanza de múltiples partes interesadas, donde las empresas constituyen el núcleo hegemónico. Esta entidad la integran grandes CEOs, primeros mandatarios, líderes de entidades internacionales (como el FMI o el Banco Mundial) y, eventualmente, artistas y figuras destacadas. Los estados nacionales quedan relegados al ámbito de garantizar la gobernabilidad en función de los lineamientos aquí definidos.

Las declaraciones de Schwab son reveladoras en tanto confirman que hay una serie de acciones y metas proyectadas para las próximas décadas, una hoja de ruta camuflada en la desinformación y la intoxicación mediática. A nivel de las clases dominantes y los segmentos que la conforman, la cosa está más que movida: guerras comerciales, aranceles, el agua que cotiza en bolsa, caída histórica del precio del petróleo, fondos de inversión tenedores de deudas soberanas invirtiendo en vacunas, hombres de la informática dominando la agricultura, la Fundación Familia Rockefeller planeando renunciar a sus inversiones en combustibles fósiles para orientarlos a las energías alternativas; milmillonarios sugiriendo pagar más impuestos, y así podríamos seguir un buen rato…

Sin entrar a discutir si el virus se generó en un laboratorio y es parte de una guerra biológica en la disputa geopolítica, o es el fruto del avance sobre las últimas fronteras que nos separan del medio ambiente por nuestra voracidad consumista, es evidente que se abre una oportunidad para esos grupos de impulsar más decididamente ciertas políticas en todos los planos. Se abre un momento histórico propicio para terminar de establecer y consolidar lógicas que ya despuntaban aislada y episódicamente. Donde algunos ven sorpresas o sinsentidos, hay un plan coherente largamente meditado.

Más allá de los resultados inmediatos, lo importante es señalar cuál es el rumbo estratégico hacia el que dirigen sus acciones los poderes hegemónicos. Los ritmos pueden variar, y en el camino haber idas y 3 vueltas. Por supuesto, el final es abierto, y dependerá fundamentalmente de la respuesta de las masas a estas iniciativas.

Este proceso de reseteo, pensándolo en términos de una analogía informática, nos conduce en principio a preguntarnos dos cosas: quién o quiénes apretarán el botón, y cómo y en base a qué piensan reprogramar el sistema ¿Qué hay entonces detrás de este discurso tan seductor, ecologista, preocupado por la desigualdad, que sincera una gran parte de los dramas que el capitalismo ha generado?

Indagando un poco más en otros aspectos que encierra esta idea pomposa del reseteo, Hilary Sutcliff, directora de Society Inside (4), plantea que son cuatro las claves del “gran reinicio”:

– Cambio de actitud, reconociendo que “el mercado no proveerá”, que la globalización bajo estos parámetros ha sido un fracaso, y apostando a la tecnología como factor integrador.

– Crear una nueva métrica, que tenga en cuenta el bienestar de las personas, que mida los niveles de desigualdad, un “índice de planeta feliz”.

– Crear nuevos incentivos, que tengan en cuenta aspectos más sociales y ambientales.

– Establecer una conexión genuina, que parta de reconocer que “en la distancia está el peligro”, lo que se observa por ejemplo en la asimetría entre “líderes y pueblo”. (5)

Según el director del OMS Tedros Ghebreyesus, “es fácil pensar en el Acelerador (6) como una medida de investigación y desarrollo; pero en realidad es el mejor estímulo económico en el que puede invertir el mundo”.(7)

Esta última afirmación es reveladora en dos sentidos: uno, porque nos predispone al hecho de que los “cisnes negros” referidos por Schwab , es decir, nuevos virus, serán una constante en el futuro; y dos, porque la pandemia ofrece una oportunidad para estimular una economía parasitada afianzando la modalidad de inversión centrada en alianzas público-privadas- extensiva a varios rubros, como la vigilancia, el rastreo de datos, el comercio sin efectivo, la telesalud, la educación virtual, entre otros; es decir que con los fondos públicos que recaudan los estados se irán a solventar los proyectos de innovación que demandan estas empresas, libradas de los riesgos que semejantes inversiones traen aparejadas y que terminan redefiniendo la vida en función de esos intereses.

Partiendo del hecho de que la pandemia ha expuesto aún más descarnadamente las contradicciones y las injusticias de este sistema, y si de comenzar de nuevo se trata bajo ese grandilocuente concepto ¿no sería acaso hoy el momento de rever, por ejemplo, el sistema de la deuda que condena a cientos de naciones a la pobreza y la desesperanza, que periódicamente infla burbujas de felicidad pasajera y se pinchan de la noche a la mañana como una fiesta que llega a su fin obligando a quienes no fueron invitados a pagar sus costos?

Lo antes formulado es más que revelador, porque nos anticipa que hay cosas que no serán reseteadas, sino al contrario, permanecerán intactos como sus férreos pilares teóricos y culturales de libre mercado y maximización de las ganancias a contrapelo de la vida y la dignidad de los seres humanos que tanto se pregona.

El ajedrez económico global

El juego cambia el centro de sus partidas. La creciente gravitación del área Asia/Pacífico, con la creación de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, que representa el 30% del PBI mundial y el 28% del comercio global. Impulsado por China, incluye a Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y los países de la Asociación de Países del Sudeste Asiático 5 (ASEAN). Efectivamente, China ha sido el único país que creció en el 2020, en un nivel de entre 1,9 y 3%.

Mientras tanto, EE.UU. está envuelto en una crisis política sobre la ya profunda crisis económica. El clima de polarización social que se vive es muy fuerte; la derrota de Trump y de su iniciativa de recuperar la primacía norteamericana como unidad política rectora se verifica en el desempleo, la caída del PBI, el aumento del déficit fiscal, además del balance lapidario del manejo de la pandemia. Una puja entre los segmentos de las clases dominantes (lo que algunos llaman “americanistas” versus “globalistas”) sobre cómo y hasta dónde se despliega ese doble y constante juego de competencia-cooperación con China. Habrá que seguir el carácter de la política de la era Biden respecto a este tema nodal. (8)

La Unión Europea, severamente golpeada por la pandemia, debió concertar después de una larga pulseada un acuerdo comercial con China que abarca varios rubros (manufactura, servicios financieros, ambientales, de salud, logística y transporte, inmuebles), luego de que Trump abandonara el TTIP (9).

Por su parte, Rusia y China han afianzado sus vínculos, al realizar este año que pasó el 25% de su comercio en sus respectivas monedas nacionales, lo que expone una tendencia que crece respecto al abandono de la divisa norteamericana. Esa cordialidad se extiende a otros planos, como militar, tecnológico y energético.

Respecto a América Latina, China le asigna un papel importante encuadrado en los ambiciosos y descomunales planes de La Franja y la Nueva Ruta de la Seda (BRI). Incluido nuestro país, algunas de esas iniciativas se observan en fondos de financiamiento para obras de infraestructura, servicios de logística, comunicación y corredores viales y 6 ferroviarios, además de los proyectos de granjas porcinas o el dragado del río Paraná para aumentar la capacidad exportadora de la hidrovía.

Paradojas de la cuarta revolución industrial verde

Un capítulo esencial de la guerra comercial chino-norteamericana está dada en la competencia intermonoplista por el desarrollo, la innovación, el patentamiento y la comercialización de la inteligencia artificial, el IoT (Internet de las cosas) centrado en los sistemas físico cibernéticos (10), la tecnología warp (11) servicios de nube(12) , conexión 5G(13) y big data (14). Al momento, los monopolios amparados por la política china ganan posiciones y perfilan superar a los Gates (Microsoft), Zuckerberg (Facebook), Page, Brin, Schmidt (Alphabet INC-Google) o Bezos (Amazon). En otras palabras, son quienes se pondrán a la cabeza de la presente revolución tecnológica, denominada Cuarta Revolución Industrial.

La creación de ciudades inteligentes en el este de Asia son la muestra concreta de las aplicaciones de estas tecnologías anteriormente mencionadas, observables en vigilancia, rastreo de datos, identificación biométrica, sistemas de pago virtual, auto-estacionamiento, vehículos sin conductor, etc. ¿También suplantará a los gobiernos locales? ¿La inteligencia artificial y los algoritmos marcan el fin de la política?

Empresas como Alibaba, Baidu o Huawei han obtenido enormes recursos públicos inyectados por el gobierno chino para el desarrollo tecnológico, con una infraestructura regulatoria bastante laxa que permita fomentar el desarrollo de inteligencia artificial, especialmente (7) dedicados a la vigilancia y el control con estatus prioritario de primer nivel en lo que hace a defensa y seguridad.

Los norteamericanos toman nota de las ventajas que les han sacado los chinos. Para ello algunos sectores del polo tecnológico, como el ex CEO de Google Eric Schmidt presidiendo la Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial (NSCAI) que asesora al Congreso de EE.UU., han iniciado una campaña de lobby señalando que las iniciativas de este tipo adquieren prioridad estratégica para la seguridad nacional, y que los efectos sobre la preservación de la privacidad de las personas es un sacrificio en aras de la superioridad en esta carrera sin cuartel.

Efectivamente, la incorporación de esta tecnología ha chocado con la última frontera que representan las libertades civiles. Pero la pandemia y las excepcionalidades que se han dispuesto en pos de su combate vienen a brindar un marco propicio para impulsar estas acciones que demandan los gigantes de Sillicon Valley. (15)

El peso que han adquirido las empresas del polo tecnológico en la vida pública torna preocupantes ciertos aspectos, ante recurrentes episodios de censura, cuya nota de color ha sido recientemente el bloqueo de las cuentas de redes sociales de Trump, o del cambio en las condiciones de privacidad de la plataforma Whatsapp, propiedad de Facebook. Conclusión: la innovación descansa sobre la edificación cada vez más potente de una matriz de vigilancia y control. ¿Qué escapa a su control? ¿Es posible discutir lo que esas empresas denominan elásticamente “condiciones y políticas de privacidad” que consideran patrimonio inexpugnable de estos monopolios?

La necesidad de reducir los vínculos físicos en el contexto de la pandemia abre un momento único a la lógica de estas empresas cuyas políticas redefinen las pautas de lo que implica estar incluido. ¿Son esos los únicos marcos posibles para pensar los cambios inexorables de la vida que trae aparejadas las permanentes innovaciones científicas y tecnológicas?

La agenda del gran reseteo marca pautas de cómo entiende ese Green New Deal (16). Tras el fracaso del protocolo de Kyoto se ha firmado en 2015 el Acuerdo de París, basado en el compromiso de reducir los gases de efecto invernadero para mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C.

Está pautado un paulatino abandono de la matriz hidrocarburífera y una reconversión hacia las energías renovables. Según la AIE, haciendo una proyección 2016-2040, se espera que el consumo de energías renovables aumente en 69% al tiempo que el de petróleo baje un 21% y el carbón un 7%.

En primer lugar del ranking de inversiones se ubica la energía solar, seguida por la eólica y luego la de tecnologías de energía inteligente y almacenamiento de baterías. En esta última tienen un rol destacado grandes monopolios como Panasonic, BYD y Sanyo, que han aumentado enormemente la capacidad de las baterías.

La industria automotriz es un caso testigo de la reconversión hacia una matriz posfósil. General Motors, BYD, Tesla, Volvo, Hyundai, Kia, Mercedes Benz ya se vienen anotando en este mercado sumamente competitivo. El impulso a los autos eléctricos se observa en el crecimiento de la venta en algunos países que lideran la transición, como China, Noruega, Alemania y Holanda, que según estimaciones de la AIE para el 2020, alcanzaría las 2,3 millones de unidades, algo así como el 3% del mercado mundial.

La transición hacia una nueva matriz energética y el desarrollo de la tecnología de la cuarta revolución industrial ponen en el centro de la cuestión la explotación de nuevos recursos, tales como el litio, el coltán o las tierras raras (17). Son los insumos fundamentales para la promoción de la reconversión en base a la electromovilidad, de la fabricación de dispositivos electrónicos móviles, paneles fotovoltaicos, entre otros.

Nuevo-viejo sistema

Los diseñadores de estas agendas han tomado apuntes: si de salvar al capitalismo se trata, hay que pararse sobre nuevas premisas y corregir los aspectos que lo tornan más descarnado. El nuevo contrato presentado en palabras de Schwab bajo el lema “más resiliente, más justo, más verde” es un reordenamiento del capital como forma de resolver la agonizante descomposición sistémica.

Por lo pronto, es difícil pensar un escenario más justo donde la lógica material del descarte sigue más vigente que nunca. De hecho, el avance de la inteligencia artificial y los sistemas físico-cibernéticos pone en serio riesgo millones de empleos, desde los maestros y médicos hasta los expendedores de combustible y los comerciantes. Como compensación para garantizar la inclusión dentro de este marco, se despliega el emprendedurismo como panacea y se promocionan casos individuales aislados como modelos a seguir de una época donde –¡ahora sí!- parece ser que la felicidad está asegurada.

Por otra parte, en distintos lugares del planeta salen a la palestra los proyectos de reformas que demanda el capital instrumentados por los organismos supranacionales: tasa de sustitución de la jubilación, administración privada del sistema de pensiones, aumento de la edad jubilatoria, flexibilización laboral incluida bajo la modalidad del teletrabajo, etc.

La obscena desigualdad que impera en el mundo y el cada vez mayor descontento que genera el hecho de saber que la minoría de milmillonarios se vuelve cada vez más rica no pasa desapercibida. Es de público conocimiento que durante el 2020 las grandes corporaciones tecnológicas pegaron un salto enorme en la valuación de sus acciones y se alzaron con ganancias fenomenales, lo que hicieron a sus propietarios más ricos de lo que eran. Mientras tanto, millones de personas se 10  hundieron en la desocupación y la miseria. Por ende no hay tanto margen para bravuconadas, lo que hace que actitudes filantrópicas y discursos progresistas se vuelvan indispensables a la hora de recuperar consensos expresados en nuevos discursos y estéticas.

El drama ambiental y ecológico es materia obligada para repensar la sociedad en que vivimos. Sin embargo, no pueden pensarse oasis verdes futuristas rodeados de vastas zonas del mundo desertificado, calcinado y hambreado. ¿Promoverá esta agenda del reinicio, por ejemplo, o un límite a la apropiación de terrenos por partes de grupos inmobiliarios consumidos por incendios en los cinco continentes? ¿Se seguirá propiciando la política de acaparamiento de vastas extensiones de tierra, bajo el paraguas del filantropismo de ciertos magnates que desembarcan en zonas de recursos estratégicos como el agua?

Sin ir más lejos, la explotación de los recursos naturales indispensables para la transición energética parte de un extractivismo atado a los mismos criterios de mercado de siempre, con una demanda en permanente alza bajo pautas de consumo irracionales, junto a una lógica de superexplotación de la fuerza de trabajo basada en los mismos principios de rentabilidad capitalista. Al mismo tiempo, se ha detectado que estas actividades son altamente contaminantes, por lo que viene a resultar un tiro en el pie de ese discurso verde que nuevamente parece descansar en la miseria y la fatalidad para millones de seres humanos. Sin ir más lejos, el llamado Triángulo del litio (que abarca Argentina, Chile y Bolivia) posee el 68% de las reservas mundiales del mineral en salares, una de las formas más rentables por su facilidad de explotación. ¿Qué sucederá con el agua y las comunidades que allí habitan que alzan su voz alertando de los riesgos de la irracionalidad de su explotación?

Caen los velos

El gran reseteo es aire para un capitalismo agonizante, devorador del mundo en el que vivimos y cuyo margen de acción es cada vez más acotado. Un nuevo reparto global en el marco de una revolución de la vida  impulsada por el incesante perfeccionamiento tecnológico que señala soberbiamente que todo se soluciona con un click.

A lo largo de estos más de 300 años, este sistema se ha reinventado permanentemente y vuelve a la carga barnizando hábilmente las contradicciones, cediendo posiciones allí donde las brechas que se abren pueden desencadenar un desequilibrio grave para el statu quo. Se hace indispensable, por ello, promover formas de organización, por lo que la acción política colectiva es urgente y necesaria.

A contrapelo de su discurso de inclusión, es evidente que esta agenda del reseteo busca condenar a millones a la marginalidad. Pero la resistencia está presente. Lo expresan los 250 millones de huelguistas en la India rechazando legislaciones antiobreras y medidas contrarias a los agricultores, en un mundo donde la biotecnología aspira a un “campo sin campesinos”, controlado por drones; lo dicen los trabajadores de Google que han conformado Alphabet Workers Union (AWU), el primer gremio hacia adentro de este gigante del software que se plantea no solo discutir cuestiones salariales y laborales, sino también incidir en las decisiones éticas de la multinacional, lo que confirma que la tecnología per se no resolverá las contradicciones del capitalismo de nuestra época como nos invitan a pensar los arquitectos de la “nueva normalidad”; lo ratifican los paros internacionales de las apps de reparto, especialmente en América Latina, que desnudan las formas de explotación bajo las nuevas tecnologías; lo señala Andy Pallotta, presidente de la United Teachers del Estado de Nueva York, al afirmar que debe pensarse a la educación desde una perspectiva integral donde la teleducación no sea la forma de descartar maestros, sino al contrario, se piense en la incorporación de trabajadores sociales, psicólogos, enfermeras, nuevas disciplinas y campos del saber, cursos avanzados y clases con menos estudiantes.

El empobrecimiento de grandes capas de la población y la incertidumbre reinante para millones de trabajadores es una muestra de la decadencia de esta época que transitamos. Afloran expresiones supremacistas, posiciones anticientíficas y fundamentalismos religiosos. En este caos coherente signado por la desinformación y la manipulación, las maniobras que las clases dominantes ensayan para amortiguar los efectos de la descomposición social busca recostarse en una nueva retórica, en cuestiones sensibles, que incorporen elementos progresistas expresados en discursos y estéticas más benevolentes, en un intento por desmarcarse de aquellas expresiones rotundamente reaccionarias. Combatir al conjunto de estas acciones, desentrañar qué intenciones se esconden detrás de tan sutiles mensajes es una tarea decisiva de los tiempos que nos tocan vivir.

Notas

1 Alianza para la Vacunación Mundial, entidad público-privada financiada principalmente por la Fundación Bill y Melinda Gates, centrada en la vacunación de países del Tercer Mundo.

2 Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias, entidad público-privada que recibe financiación y donaciones diversas para la coordinación y desarrollo de proyectos de vacunas para el combate de enfermedades infecciosas.

3 Entrevista completa en “K. Schwab, fundador del Foro Económico Mundial: El multilateralismo tendrá un espaldarazo con Biden.” Euronews. 19/11/2020. https://www.youtube.com/watch?v=uL4pxDf97_I

4 Es una ONG y un Think Tank con sede en Reino Unido centrado en el análisis del impacto social de las innovaciones tecnológicas, entre otras asesorías.

5 https://es.weforum.org/agenda/2020/08/covid-19-las-4-claves-del-gran-reinicio/

6 Es un fondo de acceso a herramientas COVID-19 impulsado por la OMS, que promueve la iniciativa COVAX.

7 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53871392

8 https://cronicon.net/wp/balance-de-gestion-el-resurgimiento-americano-que-trump-no-logro/

9 Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, propuesta de libre comercio entre la Unión  Europea y los EE.UU.

10 Los CPS, por sus siglas en inglés, son dispositivos o componentes con capacidades computacionales y de comunicación altamente integradas, que los convierte en objetos inteligentes, además de su capacidad de integrarse en conjunto.

11 Desplazamiento por curvatura, una forma de movimiento más rápida que la luz.

12 Plataformas externas a la computadora personal para almacenar información en línea.

13 Mayor velocidad de acceso, hasta 10 Gbps, reducción del tiempo de respuesta y mayor densidad de conexiones por kilómetro cuadrado, que resulta esencial en muchas aplicaciones relacionadas con los vehículos, hogares y ciudades inteligentes.

14 Macrodatos que necesitan aplicaciones especiales para el procesamiento de información a una escala enorme.

15 https://www.lavaca.org/notas/la-distopia-de-alta-tecnologia-post-coronavirus/

16 Así se ha dado en llamar a una iniciativa mundial para promover estrategias para enfrentar el cambio climático y la crisis financiera. Adscriben a él el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la congresista demócrata nortemaericana Alexandria Ocasio-Cortez y la llamada Internacional Progresista, entre otras personalidades y organizaciones no gubernamentales.
17 Así se denominan a un grupo de 17 elementos de la tabla periódica (escandio, itrio y los 15 elementos lantánidos), los cuales tienen propiedades esenciales aplicadas a la industria tecnológica. Países como China, Vietnam, Brasil, incluso Argentina, tienen importantes yacimientos de tierras raras.

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