LAS VOCES DEL MAR

16463198828248

Ayllu, sin dejar de homenajear y seguir disfrutando a nuestos poetas y escritores se propone al mismo tiempo, promover a los nuevos. Este es el caso de Lucía Cao, joven narradora matancera. quien nos trae las voces del mar.

Mi mente comienza a nublarse. Mi visión, que en antaño se asemejaba a la de un águila, ya no puede ver otra imagen. Mi camino es uno sólo; no tengo palabras para aquello que se oculta tras las sombras. No hay escapatoria…

Creo que me encontraron.

Escribo estos insulsos versos para que puedas entender el motivo de mi partida. No pido que me perdones. Hija mía, sólo quiero que sepas, que aquella noche en que naciste, frente al Gran lago, tu madre y yo recuperamos la  alegría. Pero estábamos solos. Todo se había acabado, estábamos solos frente al mundo.

A partir de entonces, nuestro pequeño mundo fue, esa húmeda casa junto al lago… ¿o mar? Ya no lo sé. De lo que estoy seguro es que no había nadie a nuestro alrededor, aunque tu madre insistía en que sí, ella decía que venían visitantes por las noches y que incluso conversaban con ella. Pero yo sé que no había nadie allí. Nadie, ni perros ni gatos, ni siquiera un alma perdida rondando. Habíamos escapado al  fin.

Hija, quiero que no dudes del cariño de tu madre, ella te cuidó y te amó más que nadie. Los tres fuimos muy felices hasta el día que cumpliste cuatro inviernos. Todavía lo recuerdo….

 Esa mañana, todo parecía tranquilo, pero había un extraño silencio en el aire, debí haber percibido el mensaje del mar. Pero en esa época yo… entonces ella desapareció. Se levantó, me saludo y se fue caminando por aquella enorme playa, por aquel desierto dorado. Nunca más la volví a ver. En aquel momento, no entendí su partida, pero ahora todo está claro. Ella lo sabía…

Desde mi juventud solía disfrutar de la soledad, dando largos paseos nocturnos a lo largo de ese interminable océano. En mi camino, solía encontrar pequeños cangrejos o caracolas de mar, las cuales disfrutaba coleccionar. Había algo en ellas que me atraía. A veces, en mi búsqueda encontraba almejas que poseían en su interior un alma dorada, valiosa para algunos, un misterio para otros.

Pero esa noche, esa méndiga noche, todo cambió. Luego de la muerte de tu madre, decidí dar un paseo, para ver si encontraba el final de ese océano que nos rodeaba.

Comenzaba a sentirme ahogado, ahogado por el agua, ahogado por las voces, sofocado por la espesa niebla, y nublado de dolor por la pérdida. En ese entonces, me da vergüenza admitirlo, pensé en abandonarte  y  escapar lejos.

Cuando quise darme cuenta, me ví a mí mismo, corriendo y corriendo alrededor de ese mar inmenso, junto a esas caracolas espiraladas. Pero por más que corrí toda la noche, ese lugar no parecía tener  fin.

 En mi recorrido me pareció ver cómo las caracolas creaban sus espirales, pero no sé, parecía mi imaginación. Hoy estoy seguro de que no lo fue.

Al final, caí rendido en medio de la arena, rodeado de objetos que dejaba el mar. Estuve un largo rato mirando fijamente el cielo, hasta que me pareció ver como si el cielo y el océano se fusionaran en uno solo.

Todo se envolvía lentamente en un oscuro manto. Entonces, como guiado por una extraña fuerza, me levanté, comencé a caminar siguiendo la espuma de la marea, y oí una voz. No sabía de dónde provenía, ya que parecía hacerlo de todos lados, tampoco podía comprender su lenguaje, pero de repente intuí su significado, y entendí  que estaba en su territorio.

 Aterrado, comencé a correr a lo largo de las nubes que estaban a mis pies, hasta que llegué al borde del cielo. No sabía dónde estaba, pero tenía clara una cosa, no debía voltear por nada en el mundo. El Ser siguió hablándome y entonces entendí secretos que estaban ocultos en mí. El Ser me señaló una caracola y desapareció.

Al día siguiente desperté. Era el alba, jamás me sentí  tan cansado. A  mi regreso, vi en la costa una caracola inmensa, y recordé que de jóvenes, tu madre me reveló  que se puede escuchar el mar a través de ella, y recordando su rostro sonriente, decidí llevártela.

Camino a casa tuve curiosidad por su sonido y al colocarme la caracola espiralada en la oreja, escuché su voz. Ahí comprendí que el Ser y el mar hablan el mismo idioma. Pero mi joven yo, no estaba preparado para eso, así que simplemente la revoleé con todas mis fuerzas al mar, y huí.

Había estado tratando de creer que lo que viví esa noche fue un simple sueño. No podía seguir estando ni un minuto más en ese lugar. Preso de un miedo incontrolable, llegué a nuestra cabaña, te tomé en brazos y con la barca que teníamos guardada, cruce el mar.

Esa noche remé, ese día remé, esa tarde remé, hasta que mis fuerzas ya no pudieron más. Y cuando pensé en rendirme y ceder, oí una suave voz y lo próximo que supe es que me encontraron unos pescadores, sí, los mismos que conoces bien.

Creciste correctamente, fuiste muy fuerte y traviesa de niña, pero yo sabía que esa isla me esperaba. Así que ahora que cumpliste la mayoría de edad, sé que puedo confiar en que vas a estar bien sin mí. Yo tengo que volver, a pesar de los años que lo negué me hiciste entender que ése es mi lugar y que ellos me esperan.

 Simplemente te daré un consejo, no apartes tu oído de las voces del mar, y no pretendas como yo ir más allá de él.-

Lucia Cao.

Lucia Cao: Nacio el 16 de diciembre de 1999. Terminó la secundaria en la Escuela secundaria 48 Mariano Echegaray en Ciudad Evita. Publicó en la Revista 30 mil veces literatura de Autores de la Matanza. Traduce al inglés mangas y pinta digital . Estudia Antropologia en la UBA. Vive en Gonzalez Catán.

Facebook
Twitter
WhatsApp