LA MOTOSIERRA EN EL DÍA 90.

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El propio estrafalario y distópico presidente de esta dolorosa república al sur del sur, ha reconocido que el país ha llegado al 60 por ciento de pobres. Pero acaso por modestia nomás, no dice que, en su escaso tiempo de mandato, su gobierno ha contribuido con más de seis millones a esa infausta estadística. Él nada menos, que se ha ufanado de haber dejado en la calle a 50 mil empleados públicos y obligado a las clases medias urbanas a vender los dólares que guardaban para poder llegar a fin de mes.

“En los dos primeros meses del Gobierno de Javier Milei, la pobreza se ha incrementado en 13 puntos, pasando del 44% al 57% de la población, la cifra más alta en 20 años. No menos vertiginoso fue el aumento de la población en situación de indigencia, que pasó del 9,6% en el tercer trimestre de 2023 al 15% en enero de 2024. Estas cifras están tomadas del índice de pobreza que elabora el Observatorio Social de la UCA (Universidad Católica Argentina), una institución netamente conservadora”. (Eduardo Giordano (https://www.elsaltodiario.com/argentina/economia-ultraliberal-milei-ajuste-pobreza-estanflacion)

La derrota política de la ley Ómnibus en el Congreso no impidió que el DNU siga vivito y coleando y permitiendo a Milei seguir pasando la motosierra y licuando salarios y jubilaciones. A ello se suma la eliminación del subsidio al transporte, los tarifazos de la luz, el gas y los servicios públicos en general que, más los aumentos desenfrenados en el combustible, los alimentos y los medicamentos están empujando la vida del pueblo trabajador al límite de la desesperación.

La decisión del gobierno de correrse de las negociaciones colectivas con los gremios, con el objeto de propiciar la extinción de las paritarias, aunque de paso, ha establecido un techo salarial para las mismas, confirma que el salario es la única variable de ajuste que está sometida a regulación.

Pero como no podía ser de otro modo, la complejidad de la situación ha disparado contradicciones en el campo de la clase dominante como lo demuestra la “rebelión” de los gobernadores, que erosiona las propias alianzas del gobierno. En ese contexto el llamado Pacto de mayo al que Milei llama para ganar tiempo nace muerto porque su condición de realizarse sería a costa de un mayor ajuste cuyo costo político los gobernadores se resisten a pagar.

Ante la visita de la funcionaria del FMI Gita Gopinath, el ministro de Economía Luis Caputo, exhibió exultante la presunta proeza de haber alcanzado el superávit fiscal. La número 2 del FMI respondió cautelosamente aconsejando políticas públicas de protección a los jubilados y sectores más vulnerables. Esa advertencia se repitió en un documento del organismo multilateral donde Argentina ha merecido un capítulo especial. Y hasta el mentor intelectual del plan, Domingo Cavallo ha advertido contra esta pasada de rosca. Ni la ejecutiva indio americana ni el ex superministro de Menem se han vuelto socialistas. Son pragmáticos y como alguien supo alertar, saben que los muertos no pagan.

Tomando el pulso a la calle, se puede advertir dos cosas: una caída importante en la aprobación al gobierno de Milei, que bajo los golpes impiadosos de un ajuste brutal han llegado a una conclusión que vale su peso en oro: la “casta” somos nosotros. Pero hay un sector también aún numeroso que entiende que “esto era necesario” y “hay que darle tiempo”. Una pareja de jubilados que cobran la mínima y estaban pasando hambre, se pregunta: ¿Por qué nos castigan así?

El sector que lo banca, cada vez menor, no puede explicar racionalmente por qué la cosa habría de mejorar. Sus respuestas oscilan entre la culpa (veníamos de una fiesta y hay que pagar) y un acto de fe (que Dios lo ilumine porque si a él le va bien, nos va a ir bien a nosotros)  

Poder desmontar esta operación de bombardeo que significa aplicar la doctrina del shock resulta quizás la cuestión clave para comprender y hacer comprender donde estamos parados. La doctrina del shock, como lo ha sabido descular Naomí Klein, significa el bombardeo simultáneo en varios frentes, de modo que no podamos reaccionar, e incluso que aceptemos la lógica del enemigo que consiste en plantear que la economía del país estaba en una etapa terminal y solo puede salvarse con enormes sacrificios y amargos remedios. Solo el primer impacto es económico, lo que le sigue es la parálisis, la abdicación de todo intento de razonar y resistir.

Argentina: un experimento de laboratorio social

Sin embargo, hay que decir que la aplicación del shock ya se ha estado preparando desde antes. No fueron en vano dos años de pandemia que exacerbaron el aislamiento social y el hiperindividualismo, la despolitización de la sociedad y la propalación de la antipolítica. Donde se creó un campo fértil para el consumo acrítico de las redes sociales, de libros de autoayuda, o de programas televisivos como Gran Hermano. Y donde las formaciones políticas tradicionales, vaciadas, colonizadas también ellas, con su cobardía cívica y su defraudación sistemática a las esperanzas populares, facilitaron el desembarco del monstruo.

Pocas voces blanquean que nuestro país no es pobre, que tiene litio, gas, reservas hídricas y una biodiversidad que codician las empresas transnacionales y el capital financiero. Que también tiene recursos humanos que son valorados en todo el mundo. Ejemplo de ello es la reciente ubicación del Conicet, hoy amenazado por la motosierra, como el instituto de ciencia más importante de Latinoamérica. (https://www.conicet.gov.ar/el-conicet-vuelve-a-ser-la-mejor-institucion-gubernamental-de-ciencia-de-latinoamerica-2/#:~:text=NOTICIAS%20INSTITUCIONALES-,El%20CONICET%20vuelve%20a%20ser%20la%20mejor%20instituci%C3%B3n%20gubernamental%20de,im)

Sin embargo, si alguien aportó claridad sobre el punto, fue hace ya un par de años, la jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson, que habló de esas riquezas como si fueran propiedad de los Estados Unidos y expresó la disposición de su país a no permitir la injerencia de potencias extrañas (léase China y Rusia).

Tenemos además un acervo cultural y educativo, junto a una tradición de luchas democráticas que dan para la esperanza y el optimismo de la voluntad. Pero hay que asumir que, por ello mismo, los grandes grupos económicos y financieros que concentran la riqueza del país y del mundo, han declarado la guerra al pueblo. Que el pueblo debe defenderse con organización y un proyecto de liberación, participando activamente, construyendo poder popular y no resignándose pasivamente al rol de espectadores o eventuales votantes en una democracia vaciada y colonizada. Aún una parte del pueblo no asume que está siendo agredida y que no se le puede otorgar más tiempo a los agresores. Sobre ese sector hay que trabajar pacientemente, dando una lucha ideológica y cultural sin cuartel. Asumiendo también prácticas políticas y sociales solidarias, renovadas, que demuestren que el modelo deshumanizado y mercantilizado que nos presenta el ultraneoliberalismo de Milei no es la única salida. Las asambleas ciudadanas son una referencia insoslayable en el paisaje social y político actual porque en ella se debate, se resuelve y se moviliza.  

Por ello la espera que vienen predicando y propiciando tanto la ex presidenta CFK como los figurones a quienes se intenta reflotar a toda costa en los medios, no empalma con los intereses y necesidades acuciantes de los de abajo.

 Cada día de continuación del DNU inconstitucional es un día más de padecimientos para las mayorías. No lo ignoran las cúpulas partidarias y sindicales. Y solo el cálculo mezquino y los intereses corporativos pueden explicar la demora. Por ello es sustancial no abandonar las calles, ni la exigencia a las centrales sindicales de un paro nacional por tiempo indeterminado hasta derrotar al gobierno de Milei. Las huelgas y cortes aislados son una respuesta a la crisis, pero quienes pueden articular esas fuerzas parecieran jugar al desgaste. Pasó con Menem.

Los tiempos de la espera y de la acción

Los obstinados hechos han ayudado a zanjar la discusión. Si las organizaciones populares no se hubieran movilizado desafiando el protocolo represivo de Bullrich para detener la ley Ómnibus, el panorama sería mucho más desolador. La presión del abajo se reflejó en las decisiones de arriba obligando a retirarla. Pero bien es cierto que aún esperamos poder quebrar el apoyo que de forma pasiva le da parte de la población, para poder ir por todo. No hay que desesperar y afinar el trabajo de acumulación. El paro y movilización del 24E que muchos juzgaban prematuro, demostró la potencialidad popular y el reciente 8M fue otra demostración de la vitalidad no solo del movimiento feminista sino de los sectores populares.

Suena fuerte en los medios políticos la idea de que el gobierno de Milei tendría los días contados. Pero que aún no es posible reemplazarlo. No hay que descartar que sus mandantes, los grupos concentrados de la economía y las finanzas, lo hagan saltar si les conviene, por medio de un juicio político. Pero si eso sucede por un procedimiento palaciego o un compromiso con la oposición, sin la intervención popular, lo que tendremos es mileismo sin Milei.  

 Y es en ese sentido, que estimamos que la salida es de abajo hacia arriba y en la lucha, a diferencia de otras voces que honradamente asignan todavía algún papel constructivo a las viejas y agotadas instituciones y cúpulas dirigentes que solo pueden administrar la crisis. El pueblo debe discutir un proyecto alternativo y parir en la lucha nuevos liderazgos porque ya se ha agotado la instancia del mal menor.- 

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