LA IZQUIERDA Y LAS ELECCIONES

Elecciones-2021

Las clases dominantes son por ahora las que marcan la agenda de una “clase política” que con matices defiende el statu quo

Cada vez que se aproximan las elecciones, cuyo único objetivo es el de convalidar y legitimar un sistema de inequidad, una porción de la población, que nos consideramos de izquierda nos preguntamos a quién votar. El escenario es más o menos el de siempre. La oferta electoral se reduce a dos fuerzas mayoritarias con chance, escoltadas por una constelación de otras más pequeñas que abarcan todo el arco político-ideológico. Si alguna de las mayoritarias no alcanza el piso para consagrarse en primera vuelta, el ballotage es el paso siguiente. La fuerza triunfadora será la encargada de administrar la dependencia y el sano funcionamiento de la economía y las finanzas, eso que llamamos gobernabilidad. Por supuesto todo ese montaje está poblado de artilugios donde los candidatos y candidates se golpean el pecho, declaran que vienen a resolver “los problemas de la gente”, borrosa identidad si las hay, se atacan con virulencia unos a otros en la televisión y en las redes sociales, y gastan en campaña, grandes sumas de dudoso origen.   

Lxs ciudadanxs de a pie nos vemos en la encrucijada de votar a quien creamos que nos va a perjudicar menos. Colaboremos con el policía bueno, porque el malo lo que anuncia es reforma laboral, despidos en la sobredimensionada administración pública, achicamiento del estado, privatización de lo que quede por privatizar etc.  Por cierto, hay algunxs candidatxs que podemos rescatar como honestos, pero sin chance cierta. Ahí se nos plantea el viejo tema del voto útil. Es preferible votar a alguno de los que tienen posibilidad de ganar, aunque tengan un temible  prontuario. Lo contrario es “tirar el voto”. ¿Es eso la política?  Y de última;  ¿a eso se reduce la democracia?

Volviendo al principio no está mal formularnos la pregunta de a quién votar. Pero, intentando ordenar un poco las ideas; ¿Será esa la primera pregunta que debemos hacernos?

Las fuerzas que se proclaman de izquierda oscilan entre aquellos que se han integrado al Frente de Todos y por tanto, a cambio de sobrevivir o avanzar un casillero, han resignado su independencia política participando en las boletas del oficialismo, y aquellos otros que levantan un programa que tiene más de testimonial que de viable como es el FIT-U que tampoco reúne a todas las formaciones, en este caso, trotskistas. Unos reivindican acompañar a “las mayorías nacionales y populares”, los otros llaman a “votar luchadores contra el ajuste”.

Claro que, en la dirección de desmadejar este intríngulis, hay otras preguntas. ¿Es posible realizar transformaciones sin construir masa crítica, sin buscar coincidencias con  una parte importante de las clases trabajadoras y populares que se identifican con el peronismo, hacia una perspectiva de poder? ¿Para afrontar los enormes desafíos y derrotar al neoliberalismo, alcanza con un frente ideológico o es necesario un gran frente político y social, unitario, plural y diverso? ¿Y ese proceso de acumulación que implica proponer un camino de diálogo y unidad puede realizarse sin un mínimo de independencia política? ¿Alcanza con el voto periódico en elecciones cuyo circuito obligado ya está trazado por y a favor del sistema, o es necesario también tomar las calles?¿Nosotros los de abajo, debemos conformarnos con ver la política por televisión, o tenemos que ser protagonistas y artífices de nuestro destino?

El autor de estas líneas entiende que la política como instrumento de transformación le ha sido expropiada a las masas, a sangre y fuego por el terrorismo de estado, que con el restablecimiento de la democracia, los intentos por recuperar ese instrumento, es decir para volver a pensar una estrategia de poder en la Argentina, no se han visto realizados sino muy parcialmente. Las clases dominantes son por ahora las que marcan la agenda pues han logrado conformar una especie de casta o corporación cerrada, que con matices, es defensora del statu quo.

Paradojalmente,  los mismos que mentan un discurso antisistema haciendo de la antipolítica su principal bandera, desfilando a tiempo completo por los medios hegemónicos, aspiran a integrar la llamada “clase política” que dicen rechazar. La diferencia con otras instancias electorales es que si antes el desprestigio de la política y de los políticos sólo alimentaba la indiferencia o la apatía, hoy  el discurso contra la política ha permeado a parte de la sociedad, primero en las franjas etarias más altas que dieron el triunfo a Macri en 2015, y ahora está permeando  las franjas juveniles, indefensas ante la ofensiva de los medios, la desilusión por las promesas incumplidas  y el espectáculo de la corruptela que sólo pone el foco en  las dirigencias políticas dejando en la sombra a los empresarios. Todas esas tendencias antipolíticas y por tanto profundamente antidemocráticas, son el germen de los discursos de odio e intolerancia que, a la par de las desigualdades, han crecido con la pandemia.

Hay que recuperar la política como herramienta de transformación de las clases populares. Lamentablemente, la coalición de gobierno  que subió  con el apoyo esperanzado de los sectores populares, está mostrando un rumbo de adaptación a las exigencias de ajuste severo del gran capital concentrado, y como sabemos no hay ajuste que pueda pasar sin hambre y privaciones para el pueblo, y por tanto, sin represión.

Si no se comprende que no se puede ganar sólo con los convencidos, si se sigue pensando en términos de pureza, si no se construye unidad en la acción y en el debate programático desde posiciones de independencia, será nuestro destino tener que elegir entre lo malo y lo peor, entre el policía “bueno” y el policía malo.-

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