LA BATALLA DE CHILE

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Mi pueblo vencerá, todos los pueblos vencerán uno a uno…

Pablo Neruda

Nuestra América vive un cambio de época cuyo signo indeleble es la transformación profunda. Cambio de época que toca a muerto para el neoliberalismo y su secuela de padecimientos para los pueblos al sur del Río Bravo. Sin duda, la era está pariendo un corazón. Y junto al dolor y la conmoción por los luctuosos sucesos de Colombia, donde el pueblo parece transitar un camino de rebelión similar al que sus hermanos chilenos iniciaron en octubre de 2019, hoy nos merecemos celebrar la aplastante victoria de estos en las elecciones del pasado fin de semana.

Los días 15 y 16 de mayo los chilenos asistieron a las urnas para:

1°) Elegir a los 155 asambleístas constituyentes que estarán encargados de reformar la Constitución heredada del pinochetismo.

2°) Elegir alcaldes y concejales en las 346 municipalidades y por vez primera, a los gobernadores para sus 16 regiones.

En esta “megaelección” distribuida en dos días, a fin de atenuar la movilidad y circulación con motivo de la pandemia, el partido representante del gobierno obtuvo menos de un tercio de los votos, de modo que sus posibilidades de veto y de salvar algo de la nefasta  herencia pinochetista son prácticamente nulas. Asistimos a las exequias del mal llamado modelo chileno, puesto como ejemplo por los fundamentalistas del mercado, y sostenido a rajatabla por la descolorida Concertación, la otra gran derrotada.

De las 16 regiones, el partido de Piñera sólo retuvo el gobierno de una. En cambio, centros urbanos considerados hasta el 15 de mayo bastiones de la derecha oligárquica, como Santiago y Viña del Mar, pasaron a manos de la izquierda y los independientes. Así por vez primera en la historia del país trasandino, su capital será gobernada por una alcaldesa comunista: Irací Hassler.

La clave del triunfo fue la unidad, siempre piropeada pero tan pocas veces honrada en la práctica. Las distintas formaciones de izquierda e independientes cuyas principales expresiones fueron el Frente Amplio y Apruebo Dignidad, integrada por el Partido Comunista, leyeron correctamente el sentir y el pensar del electorado, pues en cada región y municipio apoyaron a los candidatos opositores con mayores posibilidades.

Si el gobierno de Piñera abrigó alguna ilusión de hacer naufragar la rebelión popular de 2019 en el atolladero electoral, la misma fue aplastada por la madurez del pueblo que se afirma en el camino emprendido.

Pero el gran protagonista de este cambio es la valerosa juventud chilena que no se amedrentó ante el descomunal despliegue represivo del régimen, pagando sin hesitar el alto precio en vidas, desapariciones, mutilaciones y violaciones. Gloria y gratitud eternas a todos los caídos.

El autor de estas  líneas inició su militancia poco antes de ver ahogada en sangre y fuego,  la primera tentativa de vía pacífica hacia el socialismo, el gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende. Aquel septiembre de 1973 inolvidable en la Argentina por las masivas movilizaciones y actos de solidaridad con el pueblo chileno marcaría a una generación de militantes y luchadores sociales. Luego vendría la Operación Cóndor y el genocidio cívico militar en todo el conosur. Dolía Chile, dolía Bolivia,  dolía Uruguay, dolía el Paraguay,  dolía Brasil  tanto como la patria argentina. Es justo que los veteranos de aquella generación setentista hoy celebremos como nuestra la victoria del pueblo chileno, haciendo una pausa breve en la batalla, para pegar un rápido vistazo al pasado y ratificar la convicción de que nada fue en vano.

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