FOTODESAFIO.

A 60 años de la foto de Korda
cubadebate_che

Por Ismael Jalil- Abogado- Referente de Correpi (Coordinadora contra la represión policial e Institucional)

¿Hacia donde miraba el Che en aquella foto icónica de Korda?

Hacia dónde miraba EL CHE en aquella foto icónica de Korda que acaba de cumplir sesenta años? El 5 de marzo de 1960 el comandante participaba en el funeral de las víctimas de la explosión de ‘Le Coubre’, un barco llegado desde Bélgica a La Habana con armas y municiones para el nuevo Gobierno liderado por Fidel Castro, que consideró el suceso un sabotaje. Pérdidas humanas y materiales, una puesta a prueba del temple de los revolucionarios. 

Vale interrogarse en esa mirada. Mirada por la que pasamos una y mil veces aunque no se haya comprendido en toda su dimensión.

Uno puede atribuirle mil significados, pero todos coincidiremos en que esa mirada es un convite, un desafío. Histórica paradoja si las hay. En esa postura de efigie egipcia hay una  advertencia sobre el futuro… que llegó: quien relativice la capacidad de daño del capitalismo se encontrará, más temprano que tarde, con un escenario dominado por la extrema desigualdad y la más grave injusticia.

Como la mitológica hidra de mil cabezas, cuando parece que se ha acabado con él, el capitalismo se retuerce, regurgita, cruje y vuelve a la carga. 

Lejos, muy lejos de percibirlo invencible, sin embargo es necesario considerar que, en tanto cultura totalizante, ha sabido naturalizar sus barbaries. Acaso sea ella su mayor virtud, esa que obliga a conocer la dimensión exacta de su poderío. 

La necesaria adecuación a los efectos del COVID-19, difícilmente cambie el rumbo en los términos que alientan algunos pensadores europeos (Zizek por citar al más insistente de ellos). Seguramente acarreará discusiones y debates internos aún hacia el centro del bloque de Poder, pero la tarea no es sentarse a ver si se plantea la fisura.

Sería un problema que la revancha de la naturaleza corporizada en la pandemia, impida advertir que la jugada más inteligente del capitalismo es la de inocularnos sus premisas como propias, para discutir a partir de ellas sin advertir que eso es lo que precisamente nos deja sin alternativas.  

La tarea sigue siendo derrotarlo, empujarlo, socavarle las bases de sustentación principalmente de impacto en la subjetividad de las masas. No hacerlo sería suicida. Si esperamos a que se caiga por el peso de sus propias contradicciones (concentrar y expulsar a la vez que reproducir), quedaremos sepultados bajo sus ruinas, muy al fondo. 

Esas contradicciones tienen un límite, pues el capitalismo necesita atenuarlas para seguir expandiéndose, materialmente esa es su razón de ser. Por eso cada vez que sale de una crisis nos distrae, divide y  fragmenta, que es el modo más efectivo de expresar su hegemonía. 

La última crisis aún irresuelta data de 2008 . El derrumbe de Lehman Brothers (el cuarto banco en importancia de los EEUU) podría asimilarse a la caída del muro de Berlín en su costado simbólico, pero ha sido convenientemente maquillada por unos , al tiempo que subvaluada por muchos otros que aún desde posiciones de izquierda, parecen afrontarla sin demasiadas ideas.  

El proceso de recomposición hegemónica que aparejó la caída de esa corporación financiera (la mayor quiebra de la historia en aquel país)  precipitó del centro a la periferia el agravamiento de variables como inflación, desempleo y déficit presupuestario, que naturalmente  golpearon a la inmensa mayoría de la población mundial y particularmente en Nuestramérica, el continente más desigual . A poco de desandada la crisis ya el 40% más pobre recibía el 15% del ingreso, mientras el 10% más rico se quedaba con el 33%. El ciclo de profundización neoliberal subsiguiente, ensanchó esa brecha.  La recurrencia a referencias bélicas para fundar las tácticas de control social, la reformulación del derecho acentuando el paradójico diseño excepcional como regla,  y la particular sofisticación tecnológica aplicada al pertrechamiento represivo, dan cuenta de un panorama sumamente extremo del estadío en el que la clase dominante se plantaba en el escenario de la lucha de clases. La reformulación de la relación capital-trabajo era (es) su indisimulada tabla de salvación.

No sólo no hubo una respuesta disruptiva, sino que se fue legitimando con el discurso meritocrático, “construcción de sentido”, que en algunos casos derivaron en  repliegues identitarios y xenófobos mientras que en otros, en  adaptación resignada de apariencia progresista. Lo que en Europa muestran Vox en España, los “confusos” movimientos de los Chalecos Amarillos en Francia, o el Brexit inglés, y en la otra punta la marchitada primavera árabe,  en Nuestramérica fluctúa entre experiencias agotadas ( centralmente neodesarrollistas perimidas) y un peligroso proceso de nueva identidad de masas, la despolitización que promueve procesos de corte postfascistas (Macri, Bolsonaro, el golpismo boliviano, entre otros) . No se perciben situaciones de ruptura ni luchas que se radicalizan. CUBA es un bastión siempre amenazado, VENEZUELA una incertidumbre contra las cuerdas. CHILE exhibe una insurrección, un freno a la experiencia descarnada del capitalismo que en su darwinismo estatal nos entrega al mercado en lugar de protegernos de él.  De allí una consigna emblemática: “Hasta que la dignidad se haga costumbre”. En términos gramscianos se trata de una típica y valiosa guerra de posiciones.  

No obstante hay una certeza: la necesidad de construir una alternativa propia, tan lejos de la subordinación a lo posible como del aislamiento que propone lo ideal, no se resuelve ni con el malmenorismo reformista ni  desde el mesianismo revolucionario. Las respuestas basadas en evocaciones descontextualizadas o en lecturas caprichosas de textos sacralizados, permiten dormir tranquilos a unos y otros, pero son un placebo. Tampoco se logra con la aceleración de procesos que dejen de lado la necesidad de reivindicaciones salteando etapas en dónde el requisito de masividad es insoslayable. Nada, sino un nuevo fracaso, se puede esperar desde el quietismo inoperante que renuncia a la movilización y al protagonismo. Lo mismo desde la impotencia, que prefiere la comodidad de exigir al gobierno burgués que deje de serlo, antes que promover iniciativas en las masas para que dejen de votarlo. 

La necesidad de ser orgánicos a la situación objetiva implica asumir el repliegue de las fuerzas sociales, pero también la existencia de diferentes frentes de lucha sectoriales para nada contrapuestos. El delimitacionismo más allá de los principios antiimperialistas, de la denuncia del capitalismo y del patriarcado, es un error metodológico en la instancia que atravesamos.   Mientras existan certezas de articulaciones democráticas, hay dos premisas básicas que debemos profundizar. La unidad como objetivo irrenunciable y la apertura de todo el activo militante hacia los diversos frentes de masas, “con un claro propósito y una estrategia común, variada en su aplicación pero no aguada por malabarismos palabreros”*

¿Así, es correcto hablar de crisis última del capitalismo cuando las y los trabajadores no han construido aún su alternativa?

Tal vez forme parte de la creación heroica de la que hablaba el AMAUTA y entonces se corresponda definitivamente con aquel gesto hierático del CHE,  que muy lejos estaba de mirar hacia la nada.

*J.W. Cooke.

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