El Che y el trotskismo

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Durante muchas décadas, Ernesto Che Guevara fue acusado de trotskista

Por Tirso Sáenz

Este artículo se publica con la autorización de su autor, ex viceministro de Industria durante la gestión en el ministerio citado de Ernesto Che Guevara. Tirso, actualmente reside en Brasil. Presentamos aquí un resumen. Al pie del mismo puede leerse el artículo completo que publicó Resumen Latinoamericano, activando el link.

Introducción

Durante muchas décadas el Ernesto Che Guevara fue acusado de trotskista y todavía, aún hoy algunos insisten en catalogarlo de esa forma. También lo acusaban de maoísta, a pesar de negar insistentemente esas etiquetas ideológicas.

Su pensamiento antidogmático y antiburocrático, así como su marxismo heterodoxo u dinámico lo hicieron recibir diversas críticas de algunos, que muchas veces lo acusaron de tener tendencias trotskistas, aunque él mismo discrepaba de esos criterios.

En este trabajo pretendemos examinar esta cuestión después de haber consultado varios documentos sobre el tema; así como también aprovechar la experiencia del autor quien fue cercano colaborador del Che cuando fungió como Ministro de Industrias (1961-1965) en el gobierno Revolucionario en Cuba.

Los inicios de la formación ideológica del Che

La formación ideológica del Che fue conformándose gradualmente. Sus padres eran anti-peronistas, por lo que Ernesto estaba presente en las discusiones que se efectuaban en su ambiente familiar.  Sin embargo, aunque no era peronista, consideraba importante dar apoyo a Perón. En la Argentina, aunque con un fuerte y marcado interés de tipo social, no militó en ningún partido político, aunque simpatizaba con el movimiento comunista y tuvo vínculos estrechos con la Federación Juvenil Comunista.

En el recorrido que hiciera junto con su amigo Alberto Granado, por diferentes países de América Latina, fue ganando conciencia de las grandes injusticias sociales y a las terribles condiciones de vida a que estaban sometidos los trabajadores, los indígenas y las masas desposeídas de la región. Esto lo llevó al pensamiento de que la lucha revolucionaria y libertaria en la América Latina tenía que ser dirigida a librarse de su dependencia  de su peor enemigo: el imperialismo norteamericano. Esto puede apreciarse en cierta forma en el excelente filme “Diario de una motocicleta” del director brasileño Walter Salles.

Según Alberto Granado, la principal referencia de Ernesto Guevara en 1950 era Stalin, debido a los libros que había leído y consideraba que en la Unión Soviética estaba la solución para sus preocupaciones e inquietudes sociales y políticas. Posteriormente, en Guatemala, con su primera  esposa Hilda Gadea, peruana, economista y activa militante, miembro de la Alianza de la Juventud Democrática, organización de masas del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), así como con militantes de izquierda y la lectura de algunos clásicos, fue alcanzando una formación básica marxista. Posiblemente con Hilda tuvo conocimiento de la obra de Mariátegui. No tuvo en aquella época contactos con militantes trotskistas.

Antecedentes del trotskismo en Cuba.

El pequeño movimiento trotskista que existía en Cuba desde 1920, estuvo vinculado principalmente a las actividades sindicales, adoptando el nombre de Oposición de Izquierda. El surgimiento del trotskismo se inicia en 1932 como una fracción dentro del Partido Comunista opuesto a la política y métodos de Stalin. Se llamó Oposición Comunista de Cuba (OCC). Uno de sus dirigentes más destacados fue Sandalio Junco, figura muy apreciada por su destacada labor como líder sindical. El mantuvo estrechas relaciones con Julio Antonio Mella, destacada figura revolucionaria, uno de los fundadores del Partid Comunista, quien fuera asesinado en México, en 1925, por sicarios cubanos a las órdenes del dictar Gerardo Machado.

El Partido Bolchevique Leninista ( trotskista) tuvo una participación discreta en el apoyo al Movimiento 26 de Julio encabezado por Fidel. Uno de sus dirigentes, Pablo Díaz, fue uno de los expedicionarios en el yate Granma. Aunque fue muy crítico en las propuestas iniciales de acciones armadas rurales y urbanas, tuvo unos pocos miembros luchando en la guerrilla en la Sierra Maestra.

Después del triunfo de la Revolución, el partido trotskista existente, se reorganizó creando el Partido Obrero Revolucionario Trotskista (POR-T) con una escasa membresía,  con posiciones críticas que no encajaron en los planes de homogenizar las filas de la Revolución Cubana. Estaba inscrito dentro de la IV Internacional Socialista fundada en 1962 por el argentino J. Posadas, quien más influyó en los trotskistas cubanos y se caracterizó por sus ideas casi al margen de los postulados de los grupos de izquierda política más relevantes, como por ejemplo el entusiasmo por la guerra nuclear como un camino para destruir al capitalismo​ o sus intenciones de introducir elementos de ufología en el pensamiento marxista, ​ en el entendido de que los alienígenas deben de vivir en sociedades comunistas muy avanzadas.

Por otra parte, la prensa trotskista internacional no veía con ojos favorables el triunfo de la Revolución. El dogmatismo y la falta de conocimientos de los hechos reales por parte del trotskismo internacional fue fuente de gruesos errores de cálculo al suponer que, el “castrismo” – como lo llamaron – fue clasificado como una corriente “pequeñoburguesa no estalinista. Por otra parte, la idea que crearon de un “estado obrero burocrático”, apartándose así de una mirada objetiva del contexto político de la revolución y a su radicalidad en cuanto al tema de los movimientos revolucionarios del continente.

En la lucha contra Batista habían participado varias organizaciones el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario13 de Marzo, el Partido Socialista Popular (PSP), el POR-T y el Segundo Frente del Escambray; este último con una posición  política muy controvertida  y oportunista. Casi no combatieron y no apoyaron al Che en los combates en Santa Clara. No fue considerado un grupo confiable.

Al triunfo de la Revolución se hizo evidente la necesidad de unir criterios y esfuerzos no necesariamente coincidentes entre los distintos grupos para consolidar el avance de la misma. Este proceso no fue fácil; requirió de inteligencia política y verdadero espíritu solidario revolucionario. Un primer acuerdo de estos desde el mismo inicio del proceso fue el reconocimiento de Fidel Castro como líder de la Revolución, lo que era respaldado por la inmensa mayoría del pueblo.

Cuando se crearon las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en Julio de 1961, los trotskistas no pidieron unirse a ellas debido a que ellas no constituían un partido político en el que pudieran diseminar sus ideas o iniciar una discusión de su programa, sino “un aparato de gobierno que operaba a la manera estalinista”. En mayo de 1960, un artículo en Voz Proletaria establecía la oposición de los trotskistas a la creación de un partido único que unificara al M26 J, al Directorio Revolucionario y al PSP. La tendencia posadista fue radical y sin dudas ejerció esa influencia hipercrítica en las posturas del POR-T. Por otra parte, Posadas no manifestó ningún  entusiasmo con la dirección de Fidel Castro.

Sin embargo, durante los primeros años del  triunfo de la Revolución, los trotskistas cubanos  que trabajaban en las instituciones y organismos oficiales, como en el Ministerio de Industrias, participaron en la Campaña de Alfabetización, los trabajos voluntarios; se inscribieron en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y en las Milicias Nacionales Revolucionarias. 

La unidad factor era esencial e indispensable para el enfrentamiento a las agresiones externas y para garantizar el avance económico, político y social dela nación. La posición del POR-T  fue renuente a asociarse a la dirección política del país y sus campañas  contra diferentes medidas tomadas por el Gobierno Revolucionario

Cuando la invasión de Playa Girón en abril de 1961, un grupo de militantes trotskistas había estado incitando al pueblo de Guantánamo a invadir la Base Naval norteamericana lo que hubiera  complicado aún más la situación muy delicada y compleja del país. A partir de ese momento, los trotskistas comenzaron a ser vigilados permanentemente, sus publicaciones fueron censuradas y a veces confiscadas.

La represión entre 1962 y 1965 fue incrementándose con la deportación de algunos de los trotskistas extranjeros. También al inicio de 1963 los órganos de control confiscaron los equipos donde se editaba el boletín Voz Proletaria y detuvieron a su editor, Idalberto Ferrera Ramírez por espacio de un día. Ya en ese año los trotskistas, por vez primera, cambiaron el destinatario de sus acusaciones y en vez de centrarlas en los órganos de control, que según ellos estaba nutrido de militantes del viejo partido, las derivaron hacia el gobierno revolucionario.

El Che y el movimiento trotskista.

Cuando la invasión de Playa Girón en abril de 1961, un grupo de militantes trotskistas había estado incitando al pueblo de Guantánamo a invadir la Base Naval norteamericana. Dirigentes y miembros fueron detenidos. El Che declaró que los trotskistas habían actuado objetivamente como provocadores por este acto.

No tengo ninguna opinión sobre los trotskistas es general. Pero aquí en Cuba – te voy a dar un ejemplo. Tienen uno de sus principales centros en la ciudad de Guantánamo, cerca de la base estadounidense. Y agitaron allí para que el pueblo cubano marchara sobre la base – algo que no se puede permitir. Algo más. Hace algún tiempo, cuando apenas habíamos creado comités técnicos de trabajadores, los trotskistas los caracterizaban como una migaja dada a los trabajadores, porque los trabajadores pedían la dirección de las fábricas

El Che los criticó fuertemente en la televisión nacional por un artículo aparecido en una de sus publicaciones que criticaba con el calificativo de burocrático a los consejos técnicos asesores creados en el Ministerio de Industrias  para aumentar la participación de los trabajadores en la dirección de las fábricas.

Hace unos días estábamos leyendo un pequeño periodiquito que hay aquí, no vale mucho la pena referirse a él, pero es un periódico trotskista, no sé bien cómo se llama… Voz Proletaria hacía una crítica de los consejos técnicos asesores, desde el punto de vista trotskista. Entonces decía que los consejos técnicos asesores habían sido creados por esta pequeña burguesía timorata que hay en el gobierno como un intento de darle algo a las masas que están reclamando la dirección de las fábricas, sin entregar nada en realidad. Y eso desde el punto de vista teórico es un absurdo, pero desde el punto de vista práctico es una infamia o una equivocación garrafal. Precisamente el pecado que tienen los comités técnicos asesores es que no fueron creados por la presión de las masas, fue una creación burocrática de arriba hacia abajo para darles a las masas un vehículo que no había pedido, y es donde está el pecado de las masas. Nosotros, “pequeña burguesía timorata”, fuimos a buscar el conducto para poder escuchar la voz de las masas y creamos, bien o mal, con las imperfecciones que muy probablemente tengan porque esa idea nuestra, creación nuestra, de gente que les falta experiencia en estos problemas, los consejos técnicos asesores. De lo que sí no hay de ninguna manera es que haya habido presión de las masas y es en lo que quiero insistir. Porque sí tiene que haber presión de las masas en una serie de cosas, porque las masas tienen que tener interés en saber lo que es un plan económico, lo que es la industrialización, lo que le toca hacer a cada fábrica, lo que es su deber, cómo ese deber lo puede aumentar o cómo lo puede disminuir, lo que son los intereses de la clase obrera dentro de cada fábrica. Todos ésos son problemas que tienen que agitar a las masas.

En una Conferencia de Prensa celebrada en Montevideo el 9 de agosto de 1961, expresó en relación con una pregunta formulada por Maurice Zeitlin, sociólogo norteamericano, sobre el por qué se le habían quitado los medios de expresión a los trotskistas y confiscado su imprenta:

¿A los trotskistas? Mire, hubo una pequeña imprenta que publicaba un semanario que tuvo algunos problemas con nosotros. Tomamos algunas medidas administrativas, porque no tenían ni papel, ni permiso para usar papel, ni imprenta, ni nada; y, simplemente, resolvimos que no era prudente que siguiera el trotskismo llamando a la subversión. Porque, entre otras cosas, señor -ya que pregunta eso- resulta que hay un antecedente muy interesante. Nosotros con los trotskistas hemos tenido algunas relaciones; uno de los miembros del “26 de Julio” que tenía mucha afinidad con el trotskismo, David Salvador, fue el que llevó a la muerte a nuestros hombres el 9 de abril [de 1958], negándose a una acción unida con los partidos de masa en la huelga y tratando de hacer una huelga de tipo putschista, que fue sencillamente destruida por Batista. ¿Sabe quién le puede hablar muy bien de esa huelga? Un señor que usted a lo mejor conoce, que se llama Jules Dubois, que estaba presente y era uno de los que conocía de la huelga, y por supuesto, también conocía Batista de la huelga que se iba a realizar, porque fue una huelga clandestina que apenas se realizó fueron asesinados grandes compañeros nuestros. Después de eso, el trotskismo nace en Guantánamo. Es una rara coincidencia, pero nace en Guantánamo y tiene su fuerza ahí. Guantánamo es una ciudad que dista unos pocos minutos de la Base Naval Guantánamo, y nosotros sospechamos que podía haber cierta relación entre esa “proximidad geográfica”. Por eso, nosotros tomamos algunas medidas para que gente que no representaba nada y que no sabíamos de dónde sacaba su dinero, siguiera desde las posiciones de extrema izquierda molestando el desarrollo de nuestra Revolución.

Sin embargo, el Che afirmó públicamente, en esa entrevista, que había sido un error romper las planchas de impresión del libro La Revolución Permanente de Trotsky en la imprenta de Voz Proletaria:

Fue un error. Se ha producido un error cometido por un funcionario de segundo rango. Rompieron las placas. No deberían haberlo hecho. Sin embargo, consideramos que el partido trotskista está actuando en contra de la revolución. Por ejemplo, estaban tomando la línea de que el gobierno revolucionario es pequeñoburgués, y llamaban al proletariado a ejercer presión sobre el gobierno, e incluso a llevar a cabo otra revolución en la que el proletariado llegaría al poder. Esto perjudica la necesaria disciplina de estos momentos.

En una reunión con el personal del Ministerio de Industrias expresó:

El trotskismo surge por dos lados, uno (que es el que menos gracia me hace) por el lado de los trotskistas que dicen que hay una serie de cosas que Trotsky dijo. Lo único que creo es una cosa:  que nosotros tenemos la suficiente capacidad como para destruir todas las opiniones contrarias sobre el argumento o si no dejar que las opiniones se expresen. Opinión que haya que destruirla a palos es opinión que nos lleva ventaja a nosotros… No es posible destruir las opiniones a palos y precisamente por ello es lo que mata todo el desarrollo libre de la inteligencia. Ahora sí está claro que del pensamiento de Trotsky se pueden sacar una serie de cosas. Yo creo que las cosas fundamentales en que Trotsky se basaba estaban erróneas, que su actuación posterior fue una actuación errónea, incluso oscura  en su última época. Y que los trotskistas no han aportado nada al movimiento revolucionario en ningún lado y donde hicieron más, que fue en Perú. Y aquel compañero, Hugo Blanco, personalmente un hombre sacrificado, como parte de una serie de ideas erróneas, pues va al fracaso.

Los trotskistas cubanos pedían la independencia de los sindicatos del Estado y el establecimiento de la más amplia democracia en el movimiento sindical. Argumentando que estas medidas eran esenciales para asegurar el libre apoyo de la clase obrera a la profundización de la revolución, exigían la elección de los dirigentes sindicales sin la imposición de listas únicas y sin la intervención de ninguna institución estatal en apoyo de cualquier tendencia revolucionaria.

En este sentido,  el Che reconoció:

Aquí la democracia sindical es un mito, que se dirá o no se dirá, pero es un perfecto mito. Se reúne el partido y entonces propone a la masa a «fulanito de tal», candidatura única y de ahí en adelante salió aquel elegido, una con mucha asistencia, otra con menos asistencia, pero en realidad no ha habido ningún proceso de selección por parte de la masa. […] Es algo que a nosotros nos tiene que llamar la atención desde el otro punto de vista institucional, que es el hecho de que la gente tiene necesidad de expresarse, tiene necesidad de un vehículo para expresarse. Eso, nosotros tenemos que reflexionar sobre este asunto.

Sin embargo, el Che respetaba a las personas que luchaban honestamente por sus principios, aunque éstos estuviesen completamente errados. Además, por otra parte, trataba de ganar para la Revolución a personas con una buena calificación técnica o administrativa, los que, aunque no tuviesen antecedentes revolucionarios o no compartiesen plenamente las ideas de la Revolución, mostrasen ser honestos.

El Che leyó muy poco las obras de Trotsky. En 1960, durante su estancia como Presidente del Banco Nacional, el Che leyó La revolución permanente de Trotsky. En su  biblioteca personal se encontraban el libro de Trotsky Literature et Révolution y el libro de Mandel Traité d´economie marxiste en dos tomos. No aparece obra alguna de Trotsky  en sus lecturas en el Congo. En Bolivia sí aparecen los tomos del libro de Trotsky: Historia de la revolución rusa, de los cuales extracta y reproduce16 fragmentos haciendo en sus cuadernos la siguiente valoración general de esta obra:

Es un libro apasionante pero del cual no se puede hacer una crítica pues está por medio la calidad de actor que tiene el historiador. De todas maneras arroja luz sobre toda una serie de hechos de la gran revolución que estaban enmascarados por el mito. Al mismo tiempo hace afirmaciones aisladas cuya validez es total al día de hoy. En resumen, si hacemos abstracción de la personalidad del autor y nos remitimos al libro, éste debe considerarse una fuente de primer orden para el estudio de la revolución rusa.

CONSIDERACIONES FINALES

Independientemente de puntos de contacto positivos, el Che nunca se  adhirió al trotskismo ni se declaró trotskista. Pienso que los rechazos públicos realizados por el Che sobre el trotskismo se deben más a las torpes, equivocadas políticas – o a la falta de ellas – del trotskismo cubano e internacional que a las ideas del propio Trotsky, las que poco conocía antes de partir a la lucha guerrillera.

Sin embargo, puede afirmarse que el pensamiento político del Che evolucionó rápidamente desde los inicios de la Revolución hasta su lucha guerrillera en Bolivia. En ese proceso, en relación al trotskismo, el pasó de denunciarlos como agentes del imperialismo en 1961 Hasta retirarlos de la cárcel en 1965. Entre 1964 y 1967 mostró su interés por los planteamientos de la oposición de izquierda, Trotsky entre ellos; declaró abiertamente su rechazo a los “Manuales” soviéticos, buscó nuevas soluciones para la construcción del socialismo, no escondió  su intuición según la cual la URSS terminaría restaurando el capitalismo.

Puede decirse que el pensamiento teórico del Che Guevara, que no pudo completar, se inscribe en las corrientes historicistas y humanistas de la filosofía de la praxis, de larga tradición crítica y antidogmática que tuvo en Gramsci y en Mariátegui sus principales exponentes, Sin embargo, a diferencia de ellos, pudo desarrollar sus ideas tomando las experiencias vivas del proceso revolucionario cubano en el que fue uno de sus actores principales  y en el que tuvo la oportunidad de aplicar y experimentar sus propio pensamiento creador.

El marxismo del Che se distingue de las variantes dominantes en su época. Es un marxismo heterodoxo, antidogmático, ético, pluralista, humanista, revolucionario y de carácter abierto a la discusión.

Como expresó nuestro compañero, historiador y diplomático José Tabares del Real “El Che no era trotskista, ni maoísta, ni titoísta. El Che era el Che”.

28 de marzo de 2021

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