Alejandra Kollontai: El Día de la Mujer (1913)

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El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero.

¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas?

¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero?

Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma les ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas.

El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenían grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros… Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000

mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase

obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.

Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al “viejo mundo” sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su

trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de “no-conscientes” era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias!

Todo se hace según ordena su padre o marido…

El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia, no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se le despertará?

La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente.

Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban.

¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que, para estimular su mente y su corazón, se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, sino también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres. Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.

Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el

rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras.

Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección

y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida…

Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.

En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan contra su falta de derechos. Pero algunos dicen ¿por qué está separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un Día de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.

¿Qué quieren las feministas? Los mismos privilegios, el mismo poder, los mismos derechos dentro de la sociedad capitalista que los que ahora poseen sus esposos, padres y hermanos. ¿Qué quieren las trabajadoras? Abolir todos los privilegios derivados del nacimiento o la riqueza. A la trabajadora no le importa quién es el “amo”, un hombre o una mujer. Junto con toda su clase, puede aliviar su posición como trabajadora.

Las feministas exigen igualdad siempre y en todas partes. Las trabajadoras les responden: exigimos derechos para cada ciudadano y ciudadano, pero no estamos dispuestas a olvidar que no solo somos trabajadoras y ciudadanas, ¡somos madres! Y

como madres, como mujeres portadoras del futuro, exigimos cuidados especiales para nosotras y para nuestros hijos, una protección especial del estado y la sociedad.

Las feministas buscan derechos políticos. Pero aquí los caminos divergen.

Para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio que les permite abrirse camino de manera más conveniente y segura en un mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las trabajadoras, este es solo un paso en el rocoso y difícil camino que conduce al deseado reino del trabajo.

Los caminos seguidos por las trabajadoras y las defensoras burguesas de la igualdad de derechos [буржуазных равноправок] han divergido durante mucho tiempo.

Hay una gran diferencia entre los objetivos que la vida les ha puesto. Las tareas que la vida plantea para ambas son demasiado diferentes, existe una contradicción demasiado grande entre los intereses de la trabajadora y la propietaria, entre la sirvienta y su señora…

No hay puntos de contacto, reconciliación, fusión… Por lo tanto, las trabajadoras no deben temer los Días de la Mujer separados, ni las asambleas especiales de trabajadoras, ni un periódico especial para ellas.

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